Punch Out – Pica como una abeja

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PUNCH OUT 
Arcade
Nintendo
1984

Todavía no había avanzado mucho la década de los 80 cuando en los arcades (y en los bares, porque antes había videojuegos en los bares, amigos) apareció un enorme mueble de doble pantalla que nos invitaba a forrar a leches a una nutrida colección de boxeadores extravagantes procedentes de todo el mundo. Nintendo (así se llamaba la compañía, la del fontanero y tal, ya sabéis) hizo colecta de toda clase de tópicos nacionales reinterpretados al servicio de  un campeonato mundial de boxeo muy particular, y que golpeaba nuestros bolsillos a ritmo de monedas de 25 pesetas.  Punch Out no sólo convirtió este controvertido deporte en algo divertido a medio caballo entre el tortazo y el cómic, sino que sirvió de base para una saga que de momento ha acabado en la estupenda entrega de Wii y algún curioso extra en la Wii U.

Para hacer honor a la verdad, el arcade no hacía tantas concesiones a esa caricatura de estándares nacionales que comentaba antes (eso se deja para las versiones de consola), ni siquiera incorporaba al personaje de Little Mac que luego sería tan popular. Se centra en lo esencial: es un juego de boxeo clásico y robusto. Nuestro boxeador se configuraba inteligentemente como una malla pseudo 3D que permitía ver a través de él y no perturbaba de este modo el desarrollo visual de la partida (en un artificio previo al uso de las ahora tan comunes transparencias). Los contrincantes tenían un impecable diseño no sólo en lo meramente gráfico sino en la suma de sus movimientos, sus golpes y gestos: estaban “vivos”, y querían beber tu sangre. Punch Out, en este sentido, no se anda con las ramas. Pretende que golpees arriba, abajo, que esquives y que uses tus reflejos de la mejor manera posible. Serás capaz de predecir lo que el contrincante va a hacer sólo por sus movimientos, nada de avisos en forma de breves destellos rojos, y nada de mecánicas complejas de contras que se premian con estrellas.  Sólo una barra de energía que se llena a cada golpe para poder conectar un puñetazo especial. Y sobre todas las cosas, esquivar, observar y esperar a que tu enemigo esté desprotegido. Arcade puro, arcade divertido.

De Punch Out recuerdo lo que chocaba verlo en un local. Mucho más voluminoso de cualquier otra máquina clásica, con su doble pantalla, nada que ver con un Galaxian o con un Pacman. Generaba inmediatamente una algarabía a su alrededor, y generaba en el espectador la necesidad de moverse, de acompañar las evasivas virtuales del jugador de turno. Si bien cada nueva versión de Punch Out ha tenido su virtud (la diversión de NES, la exigencia y vistosidad de SNES y la exuberancia y espectacularidad de Wii) conviene no olvidar los orígenes y regresar de vez en cuando a ese lugar en el que fuimos felices. Aunque ese lugar fuese un ring con Mr. Sandman encima.

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