«Super Smash Bros.» – El baúl de los recuerdos

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Super Smash Bros.
2014
Nintendo 3DS, Wii U (versión comentada)
Nintendo

Jugar a Super Smash Bros. es como abrir el baúl de juguetes de Andy en Toy Story. Tiene montones de contenidos, más personajes, opciones de personalización y la característica que, para mí, redefine completamente la franquicia Smash como se había visto hasta ahora: los 8 jugadores de Wii U. Esta posibilidad ha traído las partidas más divertidas del año (con permiso de Bayonetta 2) a la consola de Nintendo, y sirve como buen escaparate de todas las virtudes del juego -y su versión similar en 3DS-. Al doblar el máximo de jugadores permitidos, la versión de Wii U convierte un título que ya era dinámico en algo completamente impredecible y, por lo tanto, más atractivo.

Para que el caos funcione tan bien como lo hace en Super Smash Bros. hace falta una factura técnica impecable. Todo ese afán destructivo, la pantalla llena de elementos, las leches que sobrevuelan, los incontables objetos que llueven del cielo, los escenarios que se mueven… La fina línea entre estrategia y caos está pintada con colores neón en el nuevo Smash: dominar los ataques personalizados de un personaje requiere horas y horas de práctica, pero cuando hay varios luchadores en pantalla y aparece un ataque que echa fuera al noventa por ciento de los jugadores, son las ganas de haber permanecido en el ring las que brillan en los ojos tras la nube de polvo.

Aúlla a nuestros instintos más primitivos, a la competitividad más pura. Cada luchador tiene su propio peso y su propia dinámica, y si personajes pequeñitos como Toad venían muy bien para la aerodinámica de los Mario Kart, aquí no hay mejores opciones establecidas: dependiendo del momento, del contrincante y del gusto del propio jugador, Jigglypuff puede ser tan valioso como Link si aprendemos a manejarlo. Samus Zero puede pasarse toda una pelea soltando sopapos desde el aire, el Aldeano tiene ataques absurdos y ridículamente geniales, me he pasado partidas completas haciéndome una bola con Sonic, en otras he intentado desconcertar a los oponentes con los ojos de loco de Megaman y me he merendado personajes con Kirby por encima de sus posibilidades digestivas. Me lo he pasado pipa.

La estrategia de combate es, posiblemente, el elemento más importante de cualquier lucha, y la profundidad de éstas es inmensa y gratificante. Los modos de Wii U no tienen mucha tela que cortar: el Mundo Smash es el más interesante, con tableros para hasta cuatro Miis que reemplaza el Smashaventura de 3DS y es como un Mario Party muy condensado; o Estadios, un conjunto de niveles temáticos nintenderos en los que luchamos, por ejemplo, contra los cuatro Links de Four Swords. El hardware de los Amiibo funciona muy bien: acercando la figura al GamePad, la máquina registra al luchador y puede empezar a mejorar sus estadísticas jugando contra ellos en el modo Smash y customizarlo a tu antojo. Ver a tu figura florecer en una pequeña y progresiva máquina de matar es bastante guay, aunque el sistema está lejos de convertirse en el ejército del mal que todos esperábamos. En serio: Super Smash Bros. ya cuenta con un fuerte sentido de la personalización, así que los Amiibo sirven más como figuritas monas que decoran la estantería que como un añadido del juego.

Los nintenderos deberán fichar también en la Fonoteca, el apartado que guarda los trescientos clásicos de Nintendo remasterizados tocando la fibra sensible. Total, que Smash ofrece una plantilla de ensueño, combates frenéticos y una experiencia divertida en cada partida, sobre todo con ocho jugadores. Si los amigos no se van de tu casa con los party games, no creo que vuelvan nunca a la suya teniendo uno de los Smash más imprescindibles a mano. Hay que sopesar los pros y contras: un anfitrión humano solo puede comprar una cantidad determinada de bolitas de queso.

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