«Hatsune Miku: Project Diva F 2nd» – Goooreito!

Hatsune Miku: Project Diva F 2nd
PlayStation Vita, PlayStation 3 (versión comentada)
Sega
2014

Por una parte no soy el público objetivo de Hatsune Miku: Project Diva F 2nd. Más que nada, porque no soy integrante de la fanbase de los Vocaloid y porque ni me entusiasman el producto vocal creado por su software ni tampoco en general sus temas musicales, aún reconociendo la estimulante experiencia que pueden ser el popurrí de géneros pasticheados (¿alguna vez has escuchado un tema electro-enka?) que aparecen en este juego. Tampoco lo soy porque, tal vez debido a mi occidentalidad, se me hace turbio pasar horas dándole chuches a la Tamagotchi/muñeca virtual para tenerla contenta y observarla, ahí, encerrada en su cuarto de adolescente, mientras le doy toquecitos en la cabeza y le subo la felicidad, aunque eh, sí intuyo que cumple con creces las exigencias requeridas por esta cultura de las waifus. Leo esos comentarios de ‘Miku, Rin, Len, Luka, Kaito y Meiko vuelven al escenario, con algunos temas clásicos… ¡y también con 20 nuevas canciones, coreografías y skins customizables!’ y siento que no estamos en las mismas coordenadas.

– Pero puedes cambiarles los trajes a los personajes en las cinemáticas.
– Te escucho.
– A ver, también hay un minijuego de dar palmas.
– Mucho mejor.

Pero también soy un posible público para Project Diva, ese que buscaba un juego musical de alto voltaje rítmico y nivel de reto considerable que, desde luego, muchos verán como una bola de confusión y dolor sensorial y que da la casualidad de ser el producto más sólido, o eso nos dicen, de una franquicia que lleva perfeccionando su descubrimiento cinco años, tres juegos y múltiples sacacuartos paralelos.

Por mi parte, he visto suficientes veces para toda una vida a estos idols gimotear por mi falta de destreza (80% de acierto para aprobar, ojito), y también he desesperado ante ritmos j-pop para los que no estamos nada acostumbrados. He llorado ante el rococó visual de unas imágenes de movimiento frenético (démosle gracias a todos esos años de Dance Dance Revolution) y ante esta patada en la entrepierna para aquellos que se crean diestros en la multitarea ocular. He sufrido como una perra buscando las volátiles partituras en la pantalla hipertrofiada y he hecho del mando una extensión de mi cuerpo con el que viajar por las sinuosas carreteras del aprendizaje propias de todos estos juegos que requieren de un poco de destreza para ejecutar ciertos comandos, para dilucidar, en el caso que nos ocupa, esos patrones de cadencias que se pierden en la traducción. Es decir, en cuanto al que debería ser el objetivo principal de este juego, Project Diva F 2nd cumple lo que promete: darnos ración completa de liturgia en honor a un poderoso hito cultural y también estrujar sin pudor un poco más la gallina de los huevos de oro que fue el descubrimiento de la fórmula. Bien por Sega.

Aunque algo nos escama si analizamos en profundidad la interacción que remite el artefacto, como si hubiese una nota que desafina en su conjunto y que entorpece que estemos ante un juego excepcional. Tal vez, porque por mucho reto que suponga panear rápidamente la pantalla en busca de la partitura a interpretar, y en ciertos momentos de barroquismo incluso el orden en el que se nos ha presentado, no nos ofrece una experiencia demasiado emocionante cuando superamos cierto umbral, aunque dista mucho de ser reprensible (atributo que sí le corresponde a esos menús especialmente lentos). Quejas mínimas, en todo caso, para un título estimable, garantía de éxito para quienes busquen entretenimiento personalizable y jolgorio chibi, y también una obra más que recomendable para el jugador que busque un nuevo paraje rítmico de corte clásico. Sólido, desafiante, con faldas muy muy cortas y con un tono tan marciano como todas las mejores cosas que nos llegan de Japón.

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