«ELITE: DANGEROUS» – POTENCIAS DE 10

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Elite: Dangerous
PC
Frontier
2014

Hace ya la friolera de treinta años que David Braben e Ian Bell desarrollaron un juego vectorial sorprendente para el ordenador BBC, que luego fue portado a prácticamente todos los sistemas conocidos, incluido el PC. Una space opera y un mundo abierto espacial para explorar a tu albedrío: sistemas planetarios infinitos, posibilidad de comerciar o convertirte en un pirata despiadado. La publicidad tenía su guasa ya que jugaba precisamente con la idea del rol adoptado por el usuario, pudiéndonos encontrar a una inocente abuelita convertida en una peligrosa contrabandista. Tras varios regresos fallidos a este Elite (con productos repletos de bugs y lanzados en condiciones de fiabilidad precarias), una campaña de crowdfunding ha sido la que ha permitido a David Braben embarcarse en un sofisticado remake donde al fin ha podido contar con un nutrido grupo de desarrollo y una fase de testeo como el proyecto merecía. Superadas ya las fases Alpha, Beta y la breve Gamma, el juego definitivo fue lanzado el 16 de diciembre.

Lo primero que hay que decir es que Elite: Dangerous acumula más aciertos que errores y que es un producto que puede resultar apasionante. Recoge las propuestas del programa original con un grado de sofisticación propio de los tiempos, pero sobre todo amplía la experiencia exploratoria introduciendo el concepto de escala de una forma muy afortunada. Ya no nos limitaremos a saltos instantáneos entre estrellas sino que existe un modo SuperCruise en el que a velocidades próximas a la luz podremos movernos dentro de cada sistema y apreciar lo que significa la vastedad del espacio, lo insignificante del tamaño de planetas y estrellas. No sólo eso: podremos seguir investigando, por mucha velocidad luz que tengamos, eventos cercanos como refriegas entre flotas de naves (Zonas de Conflicto), naves que podremos abordar si tenemos el equipo adecuado para sacarlas de su modo SuperCruise o convertirnos en descubridores de astros ocultos o refugios de contrabandistas.

Elite: Dangerous no se nutre sólo de sí mismo sino que toma prestados algunos aspectos ya explorados en simuladores espaciales como los pseudoarcades de la saga X Wing-Tie Fighter. El combate es satisfactorio y salir airosos depende de nuestra habilidad para gestionar el equilibrio entre recargas de lasers-motor-escudos, además de que debemos tener muy presente la velocidad óptima para girar con eficacia. Entender el radar tridimensional es fundamental cuando lo que está en juego es la integridad de nuestra nave. Todo ello no es nuevo pero se implementa con naturalidad. Otras actividades como el comercio o la minería no exigirán de nosotros tantas habilidades aunque sí convendrá tener claro cómo evadir a los piratas espaciales, acechantes tras los asteroides ricos en oro o platino.

Lo más importante de Dangerous, no obstante, es que está vivo. Es un multijugador online. Muchas de las naves con las que nos cruzamos, sobre todo en sistemas cercanos al origen del juego, están pilotadas por humanos. Y mediante los boletines periódicos de Frontier tendremos acceso a información sobre eventos o bien espontáneos o bien artificialmente creados que permiten hilar un contexto político de facciones en guerra, tensiones comerciales, oportunidades de conseguir fortunas o cazar a piratas espaciales míticos (que por cierto pueden abatirte en un abrir y cerrar de ojos). Perder una nave que te ha costado una fortuna o que te roben una carga sustancial no es ningún acontecimiento que se deba tomar a la ligera, por lo que el sentido de pertenencia de tu propio vehículo hará que no te embarques en ningún propósito que no puedas controlar. La propia vida, amigos míos.

Respecto al apartado técnico, el juego se ha optimizado mucho desde aquellas primitivas versiones Alpha y aunque requiere un buen equipo podrás disfrutar de él con especificaciones medias. La interfaz gráfica peca de ser un tanto fría pero su asepsia parece meditada para otorgar el protagonismo a las inmensas estaciones espaciales y a la sensación de libertad que lo impregna todo. Por supuesto, la propuesta de este Elite tiene problemas: el número de jugadores necesarios para que su universo luzca animado debería ser considerable. A medida que nos alejamos del punto inicial todo se dispersa hasta el infinito y la presencia humana se reduce a la mínima expresión. Braben contestaría seguramente que claro, que así es y no puede ser de otro modo. Pues eso.

Elite: Dangerous es el primero en llegar. Una gran ventaja. Se adelanta a otras propuestas más publicitadas pero que aún deben avanzar un largo trecho. Dos años hasta que llegue Star Citizen (de la mano del creador de la saga Wing Commander, otro peso pesado) y uno para No Man´s Sky con su misterioso sistema de generación aleatoria de planetas y razas animales. Puede que estos juegos sean más ambiciosos intentando abarcar la globalidad: no somos una nave sino una “persona” que puede pilotar, descender a un planeta o desenvolverse en un pseudoFPS. Sin embargo, Elite está aquí antes y es una realidad, no una promesa. Y se centra en lo que mejor sabe hacer.

Diré que pese a haber trillado a fondo el género, no he probado nunca un programa que explique mediante la experiencia lúdica el maravilloso concepto que tan bien exponía el corto Potencias de 10, con ese espacio inabarcable e inalcanzable (bueno, alcanzable al menos en juegos como este). David Braben nos ha regalado una Galaxia, y merece la pena disfrutarla.

PD.- No os perdáis el video y el preciosista viaje hasta un conocido planeta. Al final todos acabamos volviendo al lugar a donde pertenecemos.

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