«Escape from the pyramid» – Correr de vuelta

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Escape from the pyramid
TamaGames
iOS
2015

Conseguí mi primera tableta después de un largo asedio familiar en que me no me cansé de repetir las muchas (qué digo muchas, ¡muchísimas!) aplicaciones a las que podría sacar partido en el trabajo, en las ventajas de un reproductor multimedia portátil, en sus dimensiones i-de-a-les para leer libros y tebeos. Acabé saliéndome con la mía por pesado, y aunque efectivamente en ese trasto futurista se trabajó, se escuchó música, se vieron pelis y se leyó, en mis largas peroratas en la mesa y en el asiento del copiloto yo me había callado las muchas ganas que tenía de utilizarla jugar. Y jugar, lo que se dice jugar, lo cierto es que se jugó poco.

Hace apenas tres años tabletas y móviles eran (o al menos se veían como) la solución definitiva para los desarrolladores independientes que quisieran salirse del sota caballo y rey del videojuego tradicional. Estudios minúsculos cuyos miembros podían ir a trabajar todos juntos en el mismo taxi se encontraban de pronto frente a un sistema de negocio nuevo, trabajando con cacharricos que obligaban a reinventar los puntales del videojuego clásico a la vez que ofrecían la oportunidad de acceder a nuevos nichos de público que jamás se hubieran acercado al PC y que ya no sabían qué hacer con su Wii. En los calores de aquella revolución se forjaron verdaderos pilares del juego moderno, pero hoy esos tiempos parecen lejanos: las tiendas digitales han sido inundadas de clones sin alma de juegos ya mediocres, de chistes interactivos, de aplicaciones que funcionan como armazones para sacacuartos infames. Quienes queremos jugar en paz con  nuestra tableta sabemos que tiene que haber títulos de calidad enterrados de esa maraña, pero poco a poco nos hemos resignado a ver los juegos para móviles reducidos a pasatiempos de poca sustancia, distracciones que tardan en olvidarse menos de lo que lleva echar dos partidas desganadas y borrar la aplicación del menú.

Lo que pasa es que a Tamagames no le gusta nada que te resignes.

Escape from the pyramid funciona porque se toma en serio al jugador, la plataforma y a sí mismo, por ese orden. Quiere ser un juego sólido y toma prestado cuanto puede de móviles y de consolas, se busca las vueltas hasta encontrar una manera de maridar mecánicas de uno y otro lado arrastrando Prince of Persia hasta un punto en que pueda encontrarse con un runner de calidad. Cuando tiene las mecánicas definidas destierra todo lo que no suene a juego, duda que vayas a echar de menos los menús de micropagos o los minirretos que demuestran hasta qué punto es táctil tu cacharro táctil. Y una vez que se ha quedado con lo esencial construye alrededor. Niveles ágiles, plagados de desafíos que se resuelven a fuerza de intentarlos una y otra vez. Y otra y otra y otra, porque se muere mucho en Escape from the pyramid, pero el objetivo está siempre al alcance. Solo hay que ser un poco más preciso, un poco más rápido. Solo hay que jugar un poco más, y apetece echar esa nueva partida, apetece cada maldita vez.

Cada  nivel de cada una de las tres pirámides parece estudiado a conciencia para afilar las mecánicas a disposición del jugador, cada escenario parece trabajar sobre los anteriores retorciendo el diseño de niveles, integrando la exploración hasta convertir las misiones secundarias en una parte necesaria de la partida. Necesaria por la mejor de las razones posibles: que el jugador no quiera dejarlas pasar sencillamente porque son divertidas. La misma integración se da con la música, que no es un lazo más o menos vistoso que envuelve el paquete sino parte de un conjunto orgánico, la clave que da ritmo a tanto salto y tanto alboroto.

Como ha pasado antes con otros títulos de Tamagames (a mí me gustan especialmente Pro Zombie Soccer y Supermagical), Escape from the pyramid funciona porque valora tu tiempo y tu dinero. Quiere que cada vez que arranques la aplicación te sumerjas en ella, quiere que progreses en cada partida pero que no la domines del todo hasta el último minuto de la última pirámide. Cree que un juego sofisticado tiene cabida en tableta, y se exige a sí mismo estar a la altura de un listón que casi todos han renunciado a ver. No le vale con ser entretenido, quiere que lo juegues a fondo, quiere ser bueno, que no es poca cosa, y lo consigue de largo.

Escape from the pyramid genera ilusión por rastrear la store en busca de otra joya igual. Tiene que haberla por pura estadística, lo que pasa es que hemos dejado de buscarla y al renunciar reducimos el mercado de los jugadores que se toman esto en serio. Poner orden en casa es un proceso largo y quizás desagradecido, pero al final del camino puede haber otro Ridiculous Fishing en el que nadie había reparado, otro Escape from the pyramid que te pille de improviso. Ya solo por esto el esfuerzo merece la pena, al fin y al cabo eso era lo que nos atrajo a muchos a los juegos de móvil hace no demasiados años. La posibilidad de encontrar tesoros.

2 opiniones en “«Escape from the pyramid» – Correr de vuelta”

  1. Pues me lo apunto. Estaremos ante el nacimiento de un nuevo género de pseudopepplum variante farónica a la española? Mira que lo dudo, pero sería bonito

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