«Boxboy!» – Cajón flamenco

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Boxboy!
Hal Laboratory
3DS (e-shop)
2015

Boxboy! es un juego con tanta prisa por explicarse, tan decidido a ser honesto, que se quiere retratar ante el público desde su mismo título: un niño que es una caja, una exclamación. Ya está. Jugándolo da la impresión de que si hubiera más que rascar lo hubiera incluído también en el nombre, y que si no lo hay es porque se ve tan seguro de su propuesta que no se le ha pasado en ningún momento por la cabeza que le pudiera hacer falta. Así que solo Boxboy!

No pierdan de vista esa exclamación, que es importante.

En Boxboy! un rectángulo con ojos se desplaza del punto A al punto B. Entre estas dos puertas hay obstáculos con forma de pincho, de rayo, de…bueno, de obstáculo. Para superarlos, nuestro cajón puede desdoblarse en sucesivas cajas que apilar, empujar o usar para auparse. No hay escenario, no hay colores, nada remotamente confundible con un argumento. Con las bonificaciones que el juego da por completar niveles se pueden comprar sombrericos con los que caracterizar al personaje, pero haciéndolo solo se hace más patente la desnudez del nivel. Se pueden conseguir también cronómetros, solo para descubrir que el juego no los necesita en absoluto. Boxboy! se desnuda en su primer nivel y con todas las cartas sobre la mesa se esfuerza para hacer  que cada una cuente. A veces le sale mejor y otras peor, un par de veces pincha, pero se sostiene sorprendentemente erguido en ese alambre en que se empeña en hacer equilibrios, estirando sus mecánicas y buscándoles las vueltas hasta completar un centenar largo de escenarios sin apenas rellenos.

Puede sorprender que una propuesta tan espartana llegue de la misma mano que prepara cada poco las entregas de la serie Kirby, ese merengue sabrosísimo que es puro despiporre kitch. Pero es que Kirby es otro que también lleva toda la vida poniéndose el mundo por montera: un plataformas que se puede recorrer sin dar un salto, que recoge la convención de colorido y cielos azules para saturarla hasta el delirio. Los juegos de Hal Lab ven clarísimo lo suyo, subrayan su estética y hacen bandera de ella. Las mecánicas que vertebran el juego son sólidas y a menudo imaginativas, pero Hal no te quiere jugador sino militante. Te quiere volcado en una propuesta que nunca es solo técnica, bien por el camino del exceso alucinado o (ahora) el de la austeridad. Boxboy! lleva en su título la exclamación que Kirby luce en sus gráficos, pero es el mismo atopismo en ambos casos, la misma seguridad en un planteamiento eficaz por lo chocante. Esa exclamación chirriante que solo se puede llevar con orgullo.

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