«Jack in the Dark» – Alone in Christmas

JitDPegatina

Jack in the Dark
1993
MS-DOS
Infogrames

Es muy habitual ver en los grandes jardines privados europeos del siglo XVIII y el XIX, construcciones lúdicas que los arquitectos hacían por capricho a modo decorativo, llamadas precisamente así, «caprichos» o «folies». Me asaltaba este concepto a menudo cuando pensaba en un juego pequeño, encantador, que vio la luz a modo de avance promocional del juego Alone in The Dark 2 en las Navidades de 1993. Jack in The Dark es obra de Franck de Girolami (que pasó de un papel de programador en la primera parte a cobrar protagonismo en la segunda). Siempre pensé en su aire lúdico más allá de su intencionalidad comercial. Un capricho de los creadores de la saga, seguros del camino emprendido con el primer Alone y conocedores de haber sentado una base capital en la historia de los videojuegos. Parece esa obrita de un artista dominador de su método, que decide saltarse su propia rutina para juguetear con todo aquello que conoce y ofrecer esa «folie» inesperada que acaba brillando con su pequeña luz propia. Continuar leyendo ««Jack in the Dark» – Alone in Christmas»

«Alone in the Dark» – Extrañeza poligonal

aloneinthedark

Alone in the Dark
Infogrames
PC (Versión comentada), 3DO, Mac
1992

En el último número de Retro Gamer tengo una columnilla acerca de las maquiavélicas aristas gráficas de los primeros juegos poligonales. Un canto de dolor por las tetas puntiagudas de Lara Croft o los inexpresivos maniquíes sin alma de los luchadores de Virtua Fighter, ambos juegos históricos… a pesar de sus gráficos. Me hace gracia esa frase tan chiflada e ignorante de «un juego clásico a pesar de sus anticuados gráficos» y que siempre se aplica a títulos de acabado visual impecable como un Black Tiger o un Wonder Boy, por decir un par, pero nunca a estas ensaladillas de ángulos inertes y sin capacidad para comunicar.

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Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtagn- Cinco Lovecrafts jugables

El 15 de marzo de 1937, Howard Philips Lovecraft dejó esta dimensión para ingresar en la siguiente. No fueron precisamente sus años más radiantes (estaba muy deprimido por el suicidio de su amigo Robert E. Howard y se obligó a sí mismo a llevar un enfermizo, preciso diario de su enfermedad), pero tampoco es que el resto de su vida estuviera caracterizada por los rayos del sol y la alegría. Al contrario: Lovecraft, el hombre y el escritor, era desesperación, tinieblas, horror más allá de lo humano y tentáculos que nos amenazan desde las zonas más sombrías de nuestra conciencia. También era Arte: su apellido ha inspirado toda una forma de entender la literatura macabra, un universo fascinante y en perpetua evolución que no podía dejar de contaminar otras formas de expresión. Un siglo y una semana después del fallecimiento de su hijo predilecto, Mondo Píxel viaja a Providence y echa un vistazo a algunos de los juegos que mejor han sabido entender la esencia lovecraftiana.

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