Lo mejor y lo peor de 2012: las polémicas.

Menudo añito de polémicas infaustas y que no han llegado a ninguna parte. Sin embargo nosotros, fieles a nuestra tesis del «todo mal, y si puede ser, a peor», creemos que la situación ha sido, si cabe, más ridícula que el año pasado. Queremos decir: las polémicas son el termómetro de la porquería que tiene en la cabeza la gente, de cómo se le da importancia a cuestiones que no la tienen. Digamos: la conclusión de un juego, o la superficie políticamente correcta de una campaña publicitaria teledirigida, precisamente, para tocar las narices a la gente que cree en esa corrección política. Y si el año pasado hubo discusiones más o menos justificadas por culpa de los métodos maquiavélicos que las compañías usan para sajar el bolsillo del jugador (si, Diablo III, sí), o de la explotación que sufren algunos empleados del sector (como pasó cuando salieron a la luz las prácticas laborales del Team Bondhi), o de la escalofriante certeza de que nuestros datos están en manos de un puñado de inútiles (como sucedió por culpa del espectacular hackeo de PSN y la puesta en solfa de millones de tarjetas de crédito), este año hemos tenido a defensores del Bien desde el sillón de casa y mundos de fantasía vilmente traicionados. O sea, que vamos siempre a peor, a preocuparse de lo anecdótico, a polemizar con el chichinabismo. Veamos alguna de esas polémicas.

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