Aniram al ne etatsila

O «Alístate en la marina», leído como un mensaje directo y no subliminal, tal y como suele comentar nuestro viejo compañero Aureal cuando sale del cine tras ver alguna película del tipo Battleship o Invasión a la Tierra. La exaltación del macho armado con lo último en tecnología bélica siempre ha sido un género agradecido dentro de la cultura popular, desde el Sargento Rock hasta el Commando de Schwarzenegger. El videojuego, en su condición de voraz aglutinador del resto de medios, no consiguió (no quiso, más bien) escapar a esa corriente, y los shooters militaroides han sido una constante desde el primer día. Una cuestión distinta es la actual tendencia dentro de las superproducciones de factura anual, que ponen la directa a la hora de plasmar un mundo mucho más complejo que el simple enfrentamiento entre dos facciones, ignorando todas las escalas de grises intermedias (y los colores ni mencionarlos).

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«Call of Duty 4: Modern Warfare» – Revisión

Call Of Duty 4: Modern Warfare

Infinity Ward/ Activision

Playstation 3, Xbox 360, Wii, Mac, Windows

2007

Uno de los momentos más recordados del primer Modern Warfare ocurre más o menos a mitad de la campaña principal cuando nuestro avatar abre los ojos completamente grogui dentro de un Black Hawk derribado después de una explosión termonuclear. La imagen en pantalla se enfoca y desenfoca sola y, al contrario de lo que ha ocurrido durante el resto del juego, nadie nos acompaña gritándonos al oído qué debemos hacer. Son momentos de gran confusión que aumentan cuando nos damos cuenta de que ninguno de los controles, que a esas alturas ya teníamos bien dominados, responde como debería hacerlo: si empujamos el stick analógico a fondo el personaje gime y repta con dificultad por el suelo en lugar de salir corriendo mientras que el resto de botones del pad, sencillamente, no funcionan. Así las cosas, lo único que se nos permite controlar es el stick derecho para mirar alrededor y el izquierdo para arrastrarnos hasta el exterior donde durante unos instantes tendremos asientos de primera fila para contemplar las consecuencias de la detonación: una tormenta de fuego y destrucción con un hongo nuclear presidiendo la apocalíptica postal que, sin embargo, solo dura el tiempo que tardamos en dar un par de pasos más, pues después el juego funde a blanco indicándonos que nuestro personaje ha muerto en medio de los cascotes y del viento radiactivo. Durante todo este tiempo nuestras posibilidades de interacción han sido muy limitadas y sin embargo su efecto dramático y la contundencia de su narrativa son impecables. Continuar leyendo ««Call of Duty 4: Modern Warfare» – Revisión»