No hay que dejar de quejarse

Está claro que algunos de los implicados en esto del comentario de novedades de videojuegos nos hacemos viejos. No tiene nada que ver con la nostalgia. Tiene más bien que ver con el hecho de que en unos pocos años, la industria del videojuego ha descargado sobre nuestros endebles cuerpecitos de fans una serie de sillitas eléctricas y súplex horizontales que nos han triturado el espíritu. Y el entusiasmo. Ejemplo: Twitter es un páramo, por lo general, cínico y propenso al cachondeo fácil, pero era un panorama ciertamente desolador vernos a parte de nosotros y a amigos y vecinos como los miembros de El Píxel Ilustre o Games Ajare, entre otros tuiteros y gente afín a nuestra forma de entender los juegos, responder con decepción y chistes amargos a los subnormales aplausos de devoción de los asistentes a las conferencias que puntuaban cada nuevo y decepcionante anuncio de las grandes compañías.

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