5×5 – Cinco juegos de cinco minutos: «Cara a cara»

Las vacaciones de verano ya no son lo que eran. Cuando eran como tenían que ser, bastaba echar un vistazo alrededor para encontrar una máquina recreativa donde apilarse con otros preadolescentes durante un par de horas y medirse la hombría sin balones de por medio ni llegar a las manos, al menos la mayoría de las veces. Quizá por la épica de ese enfrentamiento a la luz de una misma pantalla resulta tan descafeinado el multijugador online: le falta el roce, el codazo traicionero y, al mismo tiempo, la camaradería y el respeto que se forman cuando el rival está de cuerpo presente. Si nunca han experimentado el calor del amor en un bar, basta con que sepan que es exactamente lo que están soñando cuando mascullan «eso no me lo dices a la cara» a través de un auricular ante las provocaciones de un niño hiperactivo con demasiadas horas de juego. ¿Quedaron atrás los tiempos de codazo en un bar frente a una pantalla? Si tienen la suerte de leer esto desde un iPad, tienen la respuesta justo delante.

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«Virtua Fighter 5: Final Showdown» – Crítica

Virtua Fighter 5: Final Showdown
Sega-AM2
Xbox Live Arcade (versión comentada), PlayStation Network

Hubo un momento en la historia de la Gran Vía madrileña en el que se podía ver gente bailando enloquecida a ritmo de jungle y J-Pop a cien pesetas la partida, acribillando zombis a tiro limpio o esperando turno para medirse la hombría con chandaleros en los subterráneos. Para alguien de provincias como servidor, ese caluroso paraíso de volantes, palancas y ametralladoras de plástico era un continuo escaparate donde probar cada nuevo King Of Fighters, cada Tekken, cada nuevo simulador de conducción como nunca habría imaginado antes. De entre todas estas maravillas, el lugar de honor pertenecía a las cabinas de Sega, las de pantallón, asiento y stick de bola, como tenía que ser, y a ellas les correspondería darme uno de mis recuerdos jugables más vívidos como espectador. En más de una ocasión perdí la tarde mirando a los maníacos del DDR bailar hasta el paroxismo, pero nunca me quedé tan patidifuso como cuando vi a aquel tipo del chaleco de camuflaje dar una clase magistral de Virtua Fighter 4 durante media hora. En sus manos, Lei Fei era poesía en movimiento, una perfecta fusión de técnica e instinto, un ejemplo de que este durísimo simulador de combate podía ser algo fluido, elegante y bello, como todo lo que tocaba AM2. Caray, cómo quería ser la mitad de bueno que aquel tipo.

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