GTA V (versión PC) – A la tercera va la vencida

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Grand Theft Auto V
Rockstar
2015
PC (comentada), PS4, Xbox One, PS3, Xbox 360

Ya van tres veces que empiezo un GTA V y todas ellas he sentido algo diferente. La primera fue un viaje de descubrimiento y disección en busca de detalles y genialidad. La segunda fue una reafirmación de todo esto, pero también un redescubrimiento de lo que entendí y lo que no. Y esta tercera -que no última- partida de GTA V ha sido una de construcción y que he jugado en un PC, a 1080p, 60fps y unos gráficos que exigen 3.589MB de los 4GB de mi tarjeta gráfica.

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«Red Dead Redemption» – Elija su propia aventura

Red Dead Redemption

Red Dead Redemption
2010
Xbox 360 (versión comentada), PlayStation 3
Rockstar San Diego

No soy un devoto defensor de todo lo que hace Rockstar. Dejé Vice City a la mitad, no empecé San Andreas y abandoné a Niko Bellic en un atasco a la media hora de GTA IV. Ni lo he intentado con el quinto. Sin embargo, he paseado por Chinatown Wars hasta el cansancio y aún recuerdo mis frustrantes partidas a Table Tennis con algún visitante ocasional (hola, Efe) en mi piso compartido de Cuatro Caminos, y los guardo como oro en paño. Por esta razón sí les debo al menos el reconocimiento de que saben dejar marcados en la memoria momentos irremplazables, dentro y fuera del mundo en el que se desarrollan. Por eso, supongo, le di una oportunidad hace muy poco a Red Dead Redemption cuando lo encontré de frente en una ocasional visita al Game. Aunque lo más probable es que fuera por un nombre y un apellido muy concretos: los del engañosamente sueco José González.

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«Manhunt» – La caza de la imagen

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Rockstar North
Playstation 2 (versión comentada), PC, Xbox
2003

Después de estos diez años, lo que se recuerda de Manhunt es la polémica, el escándalo, ese Doom reloaded que los medios montaron con este extraordinario experimento de Rockstar. El paso del tiempo no ha hecho sino afianzar la leyenda de un juego que, aún hoy, y gracias a su soberbio tratamiento visual, no ha envejecido ni un ápice: con todos los peros que se le quieran poner a su sistema de sigilo (IAs enemigas algo erráticas en los niveles más sencillos, ridículamente despiadadas en los más avanzados) y a su control (la cámara no puede controlarse con total libertad, sino que va fijada a la chepa del protagonista -aunque Rockstar lo suplió con inteligencia con un sistema inmediato e inmersivo de cámara subjetiva), lo cierto es que cuesta imaginar a Mahunt con otro aspecto. No es algo que se pueda decir de demasiados juegos de PS2, amarrados a esa época en la que se quería ser A, pero solo se podía llegar a B.

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Especial «GTA V»: ¿Por qué jugamos?

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Ahora que ha pasado un mes de su salida y no están las hormonas tan revolucionadas lo podemos decir alto y claro: GTA es tedioso. Al menos en lo formal. Pasamos horas conduciendo coches que o bien parecen llevar un timón por volante o bien son tan realistas que necesitamos ir frenando en las curvas y casi casi no atropellar a nadie para no perder el control: una cuarta parte de las veces completando una misión consistente en ir de A a B y las otras tres intentando perder a la policía y poder ir, luego, de A (más lejos) a B; llamamos por teléfono y siempre comunica: da igual la hora, da igual a quién, siempre es tiempo perdido, y cuando nos lo coge alguien es para ir (conduciendo) a ver cómo nuestra pantalla se vuelve algo más borrosa tras una copa virtual, o para presenciar una película a tiempo real que, por muy meta y trans que sea, seamos sinceros, no está tan bien escrita; nuestro personaje se fatiga al correr y tenemos que parar a descansar; casi todas las misiones consisten en ir a un sitio (conduciendo, ¿ya lo he dicho?) pegar cuatro tiros y volver: existen juegos que son llamados de conducción y shooters que hacen ambas cosas algo más entretenidas e inmersivas; existen también juegos dedicados exclusivamente al tenis, y al golf; sus cinemáticas se vuelven repetitivas porque, da igual quien hable, su trasfondo, motivaciones o personalidad (y pocas veces esto trasluce en las cinemáticas), la conclusión es siempre la misma: conduce, dispara, conduce. Escucha la radio, muere, pincha una rueda.

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Especial GTA: El hombre que fue GTA

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Desde que Rockstar se pusiera estupenda con GTA IV y decidiese cambiar el tono despendolado de sus anteriores entregas por otro más grave y melancólico no son pocos los sandbox que han aprovechado ese nicho repentinamente vacío para crecer y prosperar, a veces con resultados sorprendentes. Just Cause 2 y la serie Saint´s Row son ejemplos de juegos pandilocos que los veteranos de Vice City y San Andreas suelen definir como mejores GTA que los GTA, e incluso cuando Rockstar volvió por sus fueros con el estupendo Ballad of Gay Tony aquello no podía ser ya lo mismo: daba igual el armamento desmesurado, el protagonista follarín, las misiones de matar moscas a cañonazos (bueno, igual igual no, ¿cómo va a dar igual?), porque aquello eran postizos superpuestos sobre un escenario que no había sido pensado para semejante desmadre. Un pegote divertidísimo y memorable, pero pegote al fin y al cabo se mirase como se mirase.

En el fondo GTA IV no hacía sino empujar hacia donde los hermanos Houser siempre habían querido ir: el comentario social, la trama más o menos solemne pero con poso moral a la vista. En la historia de Nico Bellic engancharon al jugador del cuello para centrarlo en el drama y el soponcio, eliminaron opciones enfocadas a hacer el cabra al tiempo que añadieron otras que profundizan en las relaciones de los personajes, matizaban su carácter, abrían camino para declaraciones muy sentidas sobre el dinero, la familia y las segundas oportunidades. GTA IV ahondó en algo que siempre había estado ahí y lo hizo a costa de rebajar otras de sus señas de identidad, fue el GTA más GTA de la serie y por eso mismo el menos GTA de todos, cerró la puerta (o quizás solo la entornara, pero el gesto es importante) a un sector significativo de su público que pareció dar perdido para siempre. Y en cierta medida, su continuación parecía volver sobre ese camino. O al menos lo parecía hasta que apareció Trevor Phillips.

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Semana «GTA V»: Grand Theft Auto, el romántico excesivo

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Pese a lo tópico que pueda sonar el asunto, GTA V ha roto récords y ha resquebrajado por completo el normal equilibro del panorama videojueguístico actual. El título de Rockstar ha sido capaz de atraer hacia sí y casi en exclusiva el habitual flujo de miradas que poco antes dirigían su atención hacia la nueva hornada de consolas en el inminente estreno de una nueva generación. El terremoto que ha seguido al lanzamiento del juego solo podría describirse, para hacerle algo de justicia, con muchas metáforas muy contundentes sobre explosiones, cataclismos, artefactos nucleares y objetos voladores gigantes con forma de pene. Ciertamente, si hay una franquicia capaz de semejante alboroto, ésa es GTA.

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«GTA V», esclavos del hype

¡¡Paren las máquinas!! ¡¡GTA V estará protagonizado por criminales encallecidos que arrastran un calvario personal!! ¡¡Extra, extra!! ¡¡El escenario será ridículamente gigantesco, se podrá hacer casi de todo y montar en casi cualquier vehículo imaginable!!  Y no queremos que cunda el pánico, pero es nuestro deber informar a la población que aún no lo sepa que en algún momento del juego cabrá la posibilidad de que te persigan/pilotes/veas pasar a lo lejos un caza del ejército. Reserva hoy siete copias en la tienda más cercana o tus amigos se reirán de ti. Yo desde luego lo haré.

¿Qué nos pasa a los periodistas de videojuegos con según qué títulos que cada brizna de información lanzada al viento nos tiene corriendo durante semanas como pollos sin cabeza? ¿Tan importante nos parece cubrir cada irrelevancia que se anuncie, o es el público lector el que pide  que exprimamos al detalle títulos a los que aún quedan meses de correcciones y ajustes? Dejando de lado el interés legítimo de productora y distribuidores por mantener su producto visible cuanto más tiempo mejor, ¿merece la pena perder el oremus hasta este punto por festejar cada dato que asome sobre un título que de todos modos nos vamos a comprar el mismo día que salga a la calle? Mi respuesta es sí, si ese título es un GTA.

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«Max Payne 3» – Crítica

Max Payne 3
Rockstar Vancouver / Rockstar Games
PC, PS3, Xbox 360  (versión comentada)

Escribo únicamente sobre videojuegos. Consumo películas y saco conclusiones, escucho música sin demasiada preocupación pero con la suficiente atención, si pasan dos días en los que no he sacado alguna horita para leer me pongo muy nervioso… y sin embargo, escribo únicamente sobre videojuegos. Es probable que este acercamiento tan directo a esta rama de ocio concreta haya apresurado la aparición de conclusiones que, en comparación con las que pueda tener respecto al cine, la literatura y demás, se me presentan de forma radical; pero también es probable que no, y que lo siguiente sea un hecho al que todos llegan tarde o temprano. Por aquí repetimos mucho lo de que los videojuegos son un medio bastardo, por aquello de que beben de todo sobre lo que yo no escribo, ya lo saben; hoy toca ampliar esa concepción por la que nos movemos y que sirve de guía básica para hablar del videojuego, y ya les aviso, será con una tendencia fatalista. Los videojuegos son un medio bastardo, pero además bastante tontos.

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Mil Juegos de Hostias: The Warriors (I)

(Mil juegos de hostias es la serie aperiódica de Mondo Píxel encargada de la somera y necesaria revisión de los primeros juegos con lecciones morales, implicaciones éticas y formación del espíritu ciudadano: homo homini hadouken)

The Warriors es uno de mis juegos favoritos de todos los tiempos. Uno que, además, no lo es sólo por razones jugables, sino históricas. Rockstar se marcó un canto de amor a las raíces de casi todos los juegos de hostias que el mundo ha dado, un capricho que se pudieron permitir por ser quienes son: la adaptación y precuela de una película de culto de 1979, con la que se saldrían del corsé invisible de sus mundos abiertos para entrar en los callejones con peste a pis de vagabundo y rejas en las ventanas. Con este juego, Rockstar salda las cuentas que todo «yo contra el barrio» tiene con la peli de Walter Hill. para mostrarnos de paso algunas de las palizas más secas y escalofriantes que se hayan visto con un mando entre manos. Pero veamos primero el material original.

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«Max Payne 3» – Preview

Me acerco con cierto temor a las oficinas de Rockstar para darle un primer tiento a Max Payne 3. Verán: yo juego mucho, pero no soy un jugador especialmente habilidoso. Añadan unas horitas extra necesarias para acabarme cualquier juego, dos manos izquierdas, un cerebro espongiforme y una puntería digna de Elmer Fudd, y entenderán por qué me acercaba a Rockstar pensando que iba a hacer el más espantoso de los ridículos. Tres niveles iba a ver (solo puedo hablarles de dos o me rebanarán el gaznate con un machete oxidado) y me lo planteaba como otras tantas horas reiniciando desde el checkpoint una y otra vez, viendo animaciones de mi avatar bien jodido y, al final cediendo mi pad, avergonzado, al product manager de guardia para que me pasara el nivel. Como el «te lo paso, te lo paso, te lo paso» con el que me martirizaban las partidas al Commando en los Billares Thabi de mi Murcia adolescente, pero PIDIENDO YO QUE ME LO PASARAN.

Nada de eso sucedió. Y como demostró un humillante descenso nocturno en el SSX, en el que me partí huesos que ni siquiera sabía que tenían nombre, no he mejorado como jugador. Es que Max Payne 3 está muy bien pensao.

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