Semana Bioshock Infinite – ¿Es usted racista? Nos da igual: pulse para continuar

RaffleSquare

[Este texto contiene spoilers de la trama y el desarrollo de ‘BioShock Infinite’]

«Una elección es mejor que ninguna, DeWitt»
(Elizabeth)

«Qué elección me queda»
(DeWitt mientras entrega el bebé a Lutece)

Uno. Sobre decisiones y no-decisiones
Arranca Bioshock Infinite. Aleluya. En poco tiempo estamos metidos de lleno en ese ambiente como de meapilas, escuchando las conversaciones racistas de una pareja en una terraza y la de un limpiazapatos con su cliente. Comemos palomitas, una bolsa de patatas, una manzana para recuperar salud. Aprendemos a husmear en la basura en busca de monedas. Disparamos a un colibrí, por si acaso revienta. Mira, un caballo mecánico. Embobados, asistimos a una interpretación a cappella de God Only Knows, una anomalía temporal bellísima porque los Beach Boys tardarían todavía medio siglo en componerla. Y es entonces cuando debemos enfrentarnos a la primera elección del juego. En Raffle Square se celebra una rifa y resulta que tenemos el número ganador. El premio es lanzar una pelota de beisbol contra una pareja mixta, hombre blanco, mujer negra, y ridiculizarles en público por su actitud impura. Al jugador se le presentan tres opciones: lanzarla contra ellos, lanzarla contra el presentador (Jeremiah Fink) o no hacer nada. Pero en la práctica da igual lo que elijamos porque el resultado será el mismo. Hagamos lo que hagamos, Infinite avanza en una dirección y nos empuja a seguirle, pulsando el botón previamente como acto de entrega máximo. Elijamos lo que elijamos, DeWitt nunca lanzará la pelota.

Uno podría pensar que en este punto el juego te recompensa por no comportarte como un racista, ya que si eliges no acusar a la pareja, poco después, la mujer te entregará un regalo como agradecimiento. Pero tampoco es así. En mi segunda partida a Infinite decidí comportarme como un sucio hijodeputa malnacido, es decir, como el resto del público, y sumarme al linchamiento. A la hoguera. A ver qué pasa. Pasa que un poco más adelante me esperaba uno de los hombres de Fink con el traje muy bien planchado y con un regalito similar por mostrar mi fidelidad a las ideas de su jefe. Aceptarlo parece inevitable.

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