Prostituyendo al ratón – Cinco juegos Disney perversos

¿Ustedes han visto películas Disney en su infancia, cierto? Qué tonterías decimos: ustedes han visto películas Disney en su infancia; y quizá en aquella época no se dieran cuenta —solo apreciaban que la pantalla se volvía más oscura cuando aparecía cierto personaje, que además era bastante feo, y terminaba siendo el villano maloso—, pero la forma de acabar con el mal siempre era accidental, por azar del destino o por la inutilidad del villano (que si un tropiezo, que si lo devoran sus propios súbditos… un poco como en las películas de acción malas, en las que el héroe puede cargarse a doscientos esbirros para llegar al gran jefe, pero a este no puede hacerle daño, tiene que arrestarle, por su orgullo), porque esos son los valores que Disney quería inculcar: no importa lo mucho que te jodan la vida, hijo, tu haz siempre lo correcto, no hieras aunque te hieran y deja que un ser superior invisible solucione todo. Justicia divina. El ser superior se llama guionista, y no existe en la vida real.

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