«Spec Ops: The Line» – Crítica

Spec Ops: The Line
Yager Development
PC, PS3, Xbox 360 (versión comentada)

Van ustedes a leer en las próximas semanas, independientemente de otras consideraciones acerca de Spec Ops: The Line, que este shooter bélico con coberturas, levísimos componentes tácticos, desarrollo lineal y ambientación en un Dubái casi post-apocalíptico, tiene un fuerte componente emocional, moral y casi político. Es cierto que es un juego prácticamente conducido por su argumento, y que este presenta un guion clavado en su esencia (hasta un punto a veces un poco ruborizante, por lo desvergonzado y lo apócrifo, aunque a estas alturas no nos vamos a poner pejigueros con lo de que si no sé qué videojuego copia no sé qué forma expresiva supuestamente más digna, ¿verdad?) a la de El Corazón de las Tinieblas de Joseph Conrad y su adaptación más popular, Apocalypse Now, con abundante picoteo en películas que hablan de los horrores de la guerra, nada fortuitamente basadas en el conflicto de Vietnam, como Platoon, La Chaqueta Metálica o Corazones de Hierro. Las intenciones superficiales del juego son muy obvias, porque son muy planas: el jugador participa en una guerra, y en esa guerra, como en todas, suceden cosas horribles, muchas de ellas profundamente inmorales. El jugador es obligado a contemplar lo que ha hecho y a replantearse el auténtico sentido del deber, el patriotismo, la gloria, el bien, el mal, pin pan pún. En ese sentido, el juego es tan simple y tiene tan pocos dobleces como un episodio de Autopista Hacia el Cielo: el jugador llega a la guerra convertido en un soldadito valiente y hace y ve una serie de cosas que lo destruyen por dentro y por fuera. La caída en los abismos, el paseo por el infierno, la desestructuración del yo, en Texas solo hay vacas y maricones, todo eso.

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