Cuando Gordon conoció a Chell

No es una comedia romántica, no. When Gordon Met Chell es un pequeño fanfiction / exhibición de efectos especiales / nos da igual porque lo peta de Michael Shenks, que ya sorprendió lo suyo con un vídeo de Max Payne y, más recientemente, una parodia de Hitman. Pero este (que ya tiene unos mesecitos) nos gusta más. Porque es Valve. Porque entrecruza universos que quién sabe si están llamados al fornicio futuro, porque nos encanta el traje de Gordon y porque le han pillado el punto de héroe pajero al hacer que se ajuste las gafas con la esquina de la palanca. Disfrutad de la minipelícula y soñad, porque si no es por los fans, nos da que…

El amor de las máquinas

Hay ciertos títulos para los que parece no existir ni mesura ni contención, ya sea desde el punto de vista de la repercusión mediática y popular que conlleva la revelación de cualquier detalle nimio o contextual a propósito del lanzamiento de una nueva entrega –como explicaba, muy bien y con pasión, Herasmus días atrás– o aquellos otros cuya simple e inspirada naturaleza, sin necesidad de expansiones o de una dilatada consecución de entregas, han sido capaces de inspirar, motivar y entusiasmar hasta los límites de lo explosivo a una considerable mayoría de crítica y público. Tal es el caso del incontestable Portal.

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El reino digital

Hace muchos, muchos años, durante la primera época de Mondo Píxel (allá por 2003-04, no podría precisar más), escribí un artículo en el que defendía el formato digital como forma de distribución con vías de futuro. El juego que inspiró dicho artículo fue Hamsterball, una joya de una época precedente a esta nueva era de lo indie y lo descargable en la que resulta relativamente sencillo llamar la atención, pero no tanto cumplir con las expectativas. Como era previsible la defensa de los unos y ceros frente a las cajas de plástico y los DVD desató las iras de algún comentarista del blog, al que le resultaba inconcebible tal traición a la industria, y ninguna de las razones expuestas (reducción de costes, materiales de fabricación innecesarios, menores comisiones…) le parecían válidas. Dicho de otro modo: era una estupidez pensar que lo digital llegase a imponerse jamás ante lo físico. Es una opinión respetable, pero no deja de ser una muestra de hasta qué punto la industria, que ha visto un oasis en la distribución digital, va a tener que pelear duro para convencer a cierto tipo de compradores que consideran que solo tienes algo si puedes tocarlo con las manos y colocarlo en la estantería.

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